LA IMPORTANCIA DE LA PROMOCION DE LA SALUD Y LA PREVENCION DE TRASTORNOS EMOCIONALES, EN LA INFANCIA.

Yolanda González Vara. Psicóloga clínica y Presidenta de A.P.P.S.I.

     La infancia, es el período de la vida más vulnerable de cualquier ser humano. Los primeros años de vida, (embarazo hasta los 7 años), representan la base para la futura estructuración del carácter y por tanto, la forma de sentir-nos y sentir-al mundo. Y esta base, podrá ser segura o insegura, en función del apego que hayamos favorecido en la relación vincular.

     La característica más sobresaliente de esta etapa delicada y maravillosa por las potencialidades que pueden desplegarse en función del medio facilitador o no, es la dependencia. Dependencia totalmente natural y necesaria, que desde muchos ámbitos se intenta dinamitar, con estimulaciones precoces innecesarias y que fuerzan el proceso hacia una independencia prematura. Se ignora que cada etapa del desarrollo necesita un ritmo propio e individualizado y que por tanto, hay que conocer para poder respetar adecuadamente si deseamos una autonomía real y sólida.

     El amor de los padres o de los educadores que manifiestan la intención de “educar correctamente”, en la mayoría de las ocasiones no es suficiente. Es más, la mayoría de las interferencias en el desarrollo saludable, las creamos sin saberlo ni desearlo, los adultos que interactuamos con la primera infancia. Son muchas las razones que explican las interferencias que se generan, pero cabe resaltar la tendencia a reproducir modelos educativos intergeneracionales de padres a hijos. La mayoría de las ocasiones, se proyectan de forma inconsciente en los que más queremos.

     Por ello, es necesario, informarse, ser capaz de cuestionarse y también de formarse para ejercer la maternidad/paternidad consciente y el ejercicio del acompañamiento escolar. Es necesario, si queremos ejercer nuestra función desde la consciencia de lo que transmitimos verbal y corporalmente. Pues la realidad, es que la pequeña infancia, es una bella esponja, receptora de toda interacción con el mundo exterior. Son, nos guste o no, un fiel espejo y reflejo de la relación y el tipo de vínculo que creamos con cada niña o alumna. Cualquier conflicto, dificultad o problema en relación a las peques, nos devuelve ineludiblemente, a la reflexión, análisis y comprensión de algo más amplio: la familia y la escuela. En mi práctica profesional, la oportunidad de atender a toda la familia, aporta una luz inestimable en la resolución de cualquier dificultad o conflicto. Los niños, no son el problema. El problema, lo generamos los adultos.

     Más allá de cualquier culpabilidad ante la consciencia de cada proceder, que dicho sea de paso no es productiva, tenemos la oportunidad de asumir la hermosa responsabilidad de acompañar a la primera infancia, desde un auténtico y genuino respeto, nacido del conocimiento de sus necesidades emocionales profundas, sin juzgar ni interferir en un proceso natural. Proceso, que demanda a gritos, una mirada consciente, respetuosa y realmente amorosa, la que se merecen.

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